La fortaleza digital de Ucrania: cómo la resiliencia tecnológica ayudó a preservar el Estado durante la guerra

Hoy la resiliencia de un Estado se mide no solo por la potencia de su ejército o por su peso diplomático en el ámbito internacional. En la era de los conflictos híbridos, cuando los ciberataques y los golpes físicos representan una amenaza real, la capacidad de las instituciones estatales para seguir funcionando se vuelve crítica. La experiencia de Ucrania, adquirida después del 24 de febrero de 2022, demuestra de forma clara cómo la apertura tecnológica y una infraestructura digital diversificada se convirtieron en la base para mantener operativos los servicios públicos, el sistema financiero y sectores clave de la economía incluso en condiciones de guerra a gran escala.

Al comienzo de la invasión, los sistemas digitales ucranianos se encontraron bajo una presión sin precedentes. Los ataques físicos a instalaciones energéticas y de telecomunicaciones, así como las ciberamenazas, crearon un peligro real para los centros de datos. Incluso los cortes de electricidad y comunicaciones, por no hablar del riesgo de destrucción total de la infraestructura, ponían en riesgo el acceso de millones de ucranianos a sus finanzas, registros estatales, documentos y otros servicios vitales.

Sin embargo, pese a la ofensiva agresiva, Ucrania logró mantener el funcionamiento de los elementos digitales clave. Uno de los factores decisivos fue la flexibilidad del Estado, que se adaptó con rapidez a la nueva realidad, permitiendo alojar parte de los recursos informáticos estatales fuera del país, al tiempo que seguía utilizando los centros de datos ucranianos existentes. Esta estrategia, basada en el principio de diversificación geográfica, permitió minimizar las consecuencias de posibles destrucciones físicas.

De la amenaza física a la migración estratégica a la nube

En la fase inicial de la guerra a gran escala, el principal desafío era garantizar el acceso ininterrumpido a la información, base del funcionamiento del Estado. Vitaliy Balashov, viceministro de Transformación Digital para ciberseguridad y tecnologías en la nube, subraya: “El mayor riesgo en los primeros días de la invasión a gran escala no era tanto la ciberamenaza, sino la destrucción física o la captura de la infraestructura sobre la que descansaban físicamente los datos estatales: los centros de datos y las salas de servidores de las autoridades”.

Se trataba de preservar bases de datos críticamente importantes, como los registros de población, tierras y bienes inmuebles, así como las bases tributarias y educativas. Esta información es indispensable para emitir documentos, calcular prestaciones sociales y confirmar derechos de propiedad. La amenaza era completamente real, ya que al inicio mismo de la invasión Rusia lanzó un ataque con misil de crucero contra uno de los centros de datos gubernamentales ucranianos. Como señala Balashov, “Si la decisión de migrar a la nube se hubiera tomado unas semanas más tarde, las consecuencias para el Estado podrían haber sido mucho más graves”.

La base legal para dar ese paso se creó prácticamente en vísperas de la invasión. El 17 de febrero de 2022, una semana antes del inicio de la guerra, la Verkhovna Rada aprobó una ley que permitió a los organismos estatales utilizar tecnologías en la nube. Aunque el trabajo en este documento llevaba años y no estaba directamente vinculado a la preparación frente a la agresión, este cambio legislativo se convirtió en una herramienta de salvación para proteger la información estatal.

La implementación de esta decisión adquirió un carácter de emergencia. Ya a comienzos de marzo de 2022, el Gobierno emitió una disposición que permitió a los organismos estatales alojar sistemas de información y comunicación, registros electrónicos y sus copias de seguridad en recursos en la nube y centros de datos fuera de Ucrania. En las primeras semanas de la guerra, más de 60 registros y sistemas críticos de 36 organismos estatales ucranianos fueron trasladados con éxito a recursos en la nube de proveedores internacionales. Entre ellos estaban los sistemas del Ministerio del Interior, el Ministerio de Sanidad, el sistema electrónico de contratación pública ProZorro y la plataforma educativa “Escuela Ucraniana en Línea”. Más tarde se informó de la migración de unos 100 registros y bases de datos estatales.

Es importante señalar que se trataba de una solución temporal. A finales de 2022, el Gobierno estableció el procedimiento de funcionamiento de los datos estatales en recursos en la nube fuera de Ucrania durante el período de la ley marcial. La implementación técnica de una operación de esta magnitud exigió una velocidad sin precedentes. “La implementación técnica se llevó a cabo literalmente en los primeros días y semanas: el equipo del Ministerio de Transformación Digital, junto con socios internacionales —Amazon Web Services, Microsoft, Google— desplegó una solución para la migración urgente de registros estatales a la nube”, cuenta Balashov. También recordó cómo uno de los proveedores entregó equipos para la transferencia de datos fuera de línea a través de Dublín y Polonia ya a comienzos de marzo de 2022. Paralelamente, parte de los datos se ubicó físicamente en Polonia, y también se mantuvieron negociaciones con Estonia y Francia. “La rapidez era una cuestión de supervivencia de los servicios estatales”, resumió.

PrivatBank: transformación de la infraestructura en tiempos de guerra

Al inicio de la guerra a gran escala, la infraestructura de PrivatBank, una de las mayores entidades financieras del país, también quedó amenazada. Del funcionamiento estable del banco depende el acceso diario de millones de clientes a sus propios fondos y la posibilidad de realizar operaciones de pago.

Antes del 24 de febrero de 2022, PrivatBank contaba con dos centros de datos físicos ubicados en distintas regiones de Ucrania, garantizaba la duplicación de los sistemas críticos y realizaba cada año pruebas de conmutación de emergencia, desconectando deliberadamente los centros de datos. Sin embargo, la guerra a gran escala demostró que, en condiciones de ataques con misiles, la distancia geográfica entre las instalaciones no era suficiente.

El 8 de marzo de 2022, el Banco Nacional de Ucrania autorizó a los bancos a utilizar servicios de nube completos y centros de datos fuera de Ucrania, en particular para migrar sistemas informáticos, bases de datos y el procesamiento de tarjetas de pago. Esto abrió para PrivatBank la posibilidad de sacar parte de su infraestructura crítica de la zona de riesgo físico inmediato.

Después de eso, el banco inició una migración a gran escala, realizada sin interrumpir la actividad operativa. La magnitud y los plazos de esta operación fueron sin precedentes. “Completamos la mayor parte de la migración en 45 días, aproximadamente siete semanas. Al proyecto se incorporaron unos 500 especialistas de un equipo de TI total de aproximadamente 2500 personas. Para la primera fase se identificaron unas 330 sistemas críticos, de los cuales dependía directamente el servicio diario a los clientes”, informaron en el departamento de prensa de PrivatBank.

En primer lugar se migraron los sistemas de Privat24, las tarjetas, la autorización, los cajeros automáticos y los terminales POS, así como los centros de atención al cliente. Paralelamente, el equipo del banco reconfiguró activamente las integraciones con los sistemas internacionales de pago Visa, Mastercard y también con el sistema de pago SWIFT. Durante todo este período, el banco siguió prestando servicio a sus clientes las 24 horas del día.

Para el banco, esta experiencia cambió radicalmente la comprensión de la resiliencia. La redundancia ahora debe tener en cuenta no solo la falla de un equipo o de una instalación concreta, sino también el riesgo de un impacto físico masivo sobre toda la infraestructura dentro del país. “La resiliencia no es un único centro de datos, una sola tecnología o una sola nube. Es la capacidad de la empresa para conservar su función principal incluso cuando gran parte de las condiciones habituales de trabajo deja de existir. Para un banco, esa función es la posibilidad de que millones de personas puedan acceder a su dinero y realizar un pago en cualquier momento”, subrayaron en PrivatBank.

Resiliencia digital en el sistema de suministro energético

La problemática de la vulnerabilidad física de la infraestructura digital se hizo especialmente evidente en el sector energético, que ya lleva cinco años consecutivos sufriendo ataques sistemáticos por parte de Rusia. Un golpe contra una subestación o una central termoeléctrica conlleva riesgo no solo para el suministro eléctrico, sino también para los sistemas digitales de despacho, el monitoreo de redes y la contabilidad. Cuando esos sistemas dejan de estar disponibles, el operador pierde información clave sobre el estado de la red y los equipos de reparación pierden acceso a los datos necesarios.

Por eso, la distribución geográfica de la infraestructura digital en este sector funciona según el mismo principio que en el ámbito bancario. Si parte de los sistemas está disponible desde una ubicación de respaldo, el daño a una instalación concreta no necesariamente conduce a la pérdida de control sobre todo el sistema.

Como explica Vitaliy Balashov, la resiliencia digital depende de una combinación integral de varios niveles de protección: protección física de las instalaciones, suministro eléctrico de respaldo, duplicación de canales de comunicación y disponibilidad de emplazamientos de respaldo. “Las soluciones en la nube son una de las herramientas para aumentar la resiliencia, no su pilar principal: cuando un centro de datos concreto o una instalación de infraestructura crítica que alimenta nuestros sistemas —por ejemplo, una central térmica— se ve atacada, es precisamente la existencia de emplazamientos de respaldo y canales duplicados lo que permite que los registros estatales, Diia y otros servicios sigan funcionando”, señaló.

Entre la soberanía digital y la diversificación forzosa

La guerra obligó a las empresas ucranianas y al Estado a replantear de forma radical los enfoques de diversificación geográfica de la infraestructura digital. Esto, a su vez, planteó una nueva cuestión no menos importante: cuándo estará Ucrania preparada para devolver los recursos críticos bajo su propia jurisdicción y qué tipo de sistema deberá garantizar su seguridad. No se trata solo del retorno físico de los datos, sino también de crear una infraestructura ucraniana sólida y fomentar un mercado competitivo que responda a los más altos estándares internacionales de seguridad y aproveche la mejor experiencia mundial.

Los ejemplos de empresas como GigaCloud y el centro de datos “Parkovy” muestran el desarrollo gradual de la diversificación en la práctica. Incluso antes de la invasión a gran escala, contaban con planes de continuidad empresarial y habían abierto una instalación en Leópolis. Tras el inicio de la guerra, la demanda de este tipo de soluciones aumentó bruscamente. En 2022, alrededor del 60% de los clientes de GigaCloud reservaron o trasladaron por completo su infraestructura a sitios de respaldo en la UE y en el oeste de Ucrania. La empresa también amplió dos veces su clúster de nube pública en Varsovia.

Sin embargo, esto no significa trasladar automáticamente todos los recursos fuera de Ucrania. Para los proveedores, se volvió cada vez más importante distinguir entre la ubicación física de la infraestructura y el control real sobre la información. “La soberanía digital trata ante todo del control sobre los datos y la infraestructura, no de dónde está físicamente el hardware. Si hablamos de nuestro almacenamiento en la nube S3, el cliente decide por sí mismo dónde se guardarán exactamente sus datos: en Ucrania, en Polonia o en ambos países al mismo tiempo, y puede cambiar esa ubicación en cualquier momento. El uso de infraestructura extranjera no implica una transferencia automática del control de los datos a una empresa extranjera”, explican los representantes de GigaCloud.

En la empresa clasifican la información según su nivel de criticidad. Según sus estimaciones, deben permanecer bajo la jurisdicción ucraniana, por principio, los recursos de defensa, los registros estatales, la información sobre instalaciones de infraestructura crítica, así como los datos médicos, personales y financieros de los ciudadanos. Para los sistemas operativos, las copias de seguridad y los servicios no críticos, la diversificación geográfica, por el contrario, puede aumentar significativamente la resiliencia. “Para los sistemas críticos, la combinación de dos ubicaciones suele ser la óptima: la infraestructura principal en Ucrania y la de respaldo en la UE”, precisan en la empresa.

Las soluciones temporales introducidas como respuesta a las amenazas físicas de la guerra se están transformando poco a poco en un enfoque a largo plazo, no solo para las empresas, sino también para el Estado. Sin embargo, las normas aplicadas durante la ley marcial todavía no tienen mecanismos de transición claros. Por eso, para Ucrania es de vital importancia definir un modelo de trabajo con los datos estatales tras el final de la fase activa de la guerra, teniendo en cuenta que los riesgos relacionados con la guerra seguirán siendo relevantes durante mucho tiempo y que la necesidad de proteger y controlar la información críticamente importante no desaparecerá.

La nube como motor del progreso productivo

Si en 2022 la infraestructura en la nube se consideraba ante todo una herramienta para preservar servicios críticos, hoy se está convirtiendo en la base de nuevos modelos innovadores de producción. Los sectores tecnológicos dependen cada vez más de la capacidad para recopilar, almacenar y procesar de manera instantánea enormes volúmenes de información, así como para utilizar eficazmente la inteligencia artificial.

El sector agropecuario es un ejemplo claro de esta tendencia. Las tecnologías modernas permiten a los drones recopilar información detallada de los campos, las plataformas en la nube la convierten en análisis valioso, y los algoritmos de inteligencia artificial ayudan a detectar problemas en las plantas y optimizar el uso de los recursos.

Según Valeriy Yarovenko, cofundador de DroneUA, después de 2022 la escasez de mano de obra, las dificultades logísticas, el suministro energético inestable y el trabajo cerca de la línea del frente hicieron que la tecnología se convirtiera en una parte inseparable del proceso de producción diario. Los drones recopilan datos sobre el estado de los campos, que luego se cargan en una plataforma en la nube. Allí se generan mapas de zonas problemáticas, y los algoritmos de visión por computadora ayudan a detectar el estrés de las plantas y las malas hierbas. La decisión final, por supuesto, sigue en manos del agrónomo. Sin embargo, los grandes volúmenes de datos no siempre pueden transferirse desde el campo en línea. “Los drones reciben tal cantidad de datos que simplemente cargarlos a la nube desde el campo es imposible; existe todo un proceso logístico de transferencia de datos mediante discos duros a las sucursales regionales, desde donde se cargan a los servicios en la nube”, explican en DroneUA.

Debido a las restricciones de vuelo de drones, una parte importante de la información geoespacial la proporcionan hoy los satélites. Esto simplifica considerablemente la logística, aunque las imágenes satelitales suelen ser menos detalladas que una toma con dron de un campo concreto.

El siguiente nivel es la inteligencia artificial, pero su eficacia depende no solo de los recursos computacionales, sino también del grado de orden de la información con la que trabaja el sistema. “La inteligencia artificial aumenta las exigencias no solo sobre la capacidad de cálculo, sino también sobre la calidad de la organización de los datos. No se puede simplemente añadir IA a un conjunto caótico de tablas, fotos y sistemas incompatibles y esperar un resultado industrial. Para funcionar necesita datos históricos estructurados, reglas de acceso claras, canales de transmisión rápidos y una copia de seguridad fiable”, señala Yarovenko.

Así pues, para el sector agropecuario, el acceso a la infraestructura en la nube, la información satelital y los recursos de computación tiene un efecto económico directo. De ello depende la rapidez con la que una explotación pueda detectar un problema, ajustar el trabajo en el campo y utilizar eficazmente los recursos allí donde realmente se necesitan.

De la resiliencia en guerra al desarrollo tecnológico

La guerra a gran escala obligó a Ucrania a reconstruir profundamente su infraestructura digital. Esto incluyó la redundancia de datos, el traslado de sistemas críticos y la integración de recursos ucranianos e internacionales. Al principio, era una necesidad vital para garantizar el funcionamiento ininterrumpido del Estado, el sector bancario, la energía y otras áreas clave. Hoy, en cambio, una infraestructura digital resiliente se está convirtiendo en una base sólida para el desarrollo de la inteligencia artificial, la automatización y el progreso de los sectores tecnológicos, desde el agro hasta las tecnologías de defensa.

Sin embargo, las soluciones nacidas en condiciones de emergencia no pueden permanecer así para siempre. La siguiente tarea estratégica para Ucrania es transformar el modelo de resiliencia digital formado durante la guerra en un mecanismo estable y eficaz de desarrollo en la posguerra.

Esto implica ampliar la infraestructura digital propia y formar un mercado competitivo sólido de servicios en la nube. Ese mercado debe cumplir altos requisitos de seguridad, atraer activamente experiencia internacional y crear condiciones para competir con las mejores soluciones del mundo.

Roman Spas

Roman Spas es autor de un blog sobre desarrollo web, noticias de TI, promoción de proyectos web, diseño y tecnologías modernas. En sus artículos, explica temas digitales complejos en un lenguaje sencillo y comparte consejos prácticos para propietarios de sitios web, emprendedores, profesionales del marketing y especialistas que desean comprender mejor el entorno online. El autor se centra principalmente en sitios web eficaces, SEO, diseño web, marketing digital y soluciones tecnológicas que ayudan a las empresas a desarrollarse en el espacio digital.